CAPÍTULO 37 — Te amo.
Sofia.
—Es un niño… —el corazón me latió en la garganta y algo en mí se estremeció como nunca.
No me dio tiempo de ver las expresiones de Gael, ahora mismo tenía una mezcla de emociones que me invadían con fuerza.
Entre el latido que se escuchaba en esa máquina, y las imágenes de mi bebé de cuatro meses, me tenían al borde del llanto, y el descontrol.
—¿Todo está bien? —escuché la pregunta de Gael hacia el médico que le sonrió y asintió.
—Todo perfecto… está formado… aunque se vea pequeño…