Maya sostuvo el auricular con la mano entumecida. Las palabras de Arthur Mayer seguían vibrando en su oído como una condena a muerte. "Secretaria oportunista". "Contrato en la trituradora". El pánico, que hasta hace un momento era una punzada sorda, se convirtió en un rugido en su cabeza. Sin pensarlo dos veces, colgó la llamada de la recepción y caminó hacia la puerta doble de caoba de la oficina principal.
Entró sin llamar.
Alexander estaba de pie junto al ventanal, de espaldas a la puerta. E