—¿Te lo dijo? —preguntó Camila, alarmada—. ¿Te enfrentó?
—No necesitó palabras. Su mirada lo dijo todo. Estaba jugando conmigo en la habitación, acechándome como si fuera una presa —Maya sollozó, doblando una esquina a toda velocidad—. Y Stefany me golpeó en el pasillo. Se la devolví, Cami. Estoy harta de fingir, pero tengo un miedo atroz.
—Maya, cálmate. ¿Dónde estás?
—En su auto. Me lo llevé de nuevo —respondió ella, mirando el logo en el volante—. Es lo único que me queda para forzar un encu