—Maya, escúchame bien —sentenció Camila con una suavidad firme—. Has pasado toda tu vida siendo invisible, cuidando a los demás, escondiéndote detrás de carpetas y de gente que no te valoraba. Por una vez en tu vida, deja de pensar en las consecuencias.
—Pero la mentira, Cami... él cree que somos amantes y yo soy virgen, se va a dar cuenta.
—Entonces deja que se dé cuenta de que eres suya de una manera que ninguna otra mujer lo ha sido —respondió Camila—. Olvida la farsa por unas horas. Déjate