Maya sintió que el suelo se abría bajo sus pies. El silencio en la sala se volvió insoportable, roto solo por los pasos de Amanda regresando con su bolso. Maya tragó saliva, tratando de procesar el horror mientras Alexander la soltaba.
El viaje al hospital fue rápido y tenso. Alexander conducía a gran velocidad, ignorando semáforos, mientras Amanda lloraba en el asiento trasero. Maya guardó silencio durante todo el camino; tenía el estómago revuelto por lo que Alexander le había revelado sobre