Mundo ficciónIniciar sesiónCuando te quedan cuarenta y ocho horas para decidir quién vive y quién muere, cada segundo se siente como una eternidad y un parpadeo al mismo tiempo.
La desintegración del Rey se aceleró de formas que ni siquiera los textos más antiguos sobre la maldición habían anticipado. Para la mañana siguiente, su piel no solo tenía grietas, sino que parecía estar literalmente desprendiéndose de su cuerpo en fragmentos que se disolvían en el aire como ceniza negra. Sus ojos, esos ojos rojos que habían aterrorizado a cuarenta y siete esposas antes de Adriana, ahora sangraban constantemente, ríos escarlata corriendo por su rostro como lágrimas que nunca había permitido derramar cuando aún tenía control sobre su propio cuerp







