Después de cambiarse de ropa y de ponerse la pijama, Julie cae de costado sobre la cama y arropándose por completo ella observa hacia la ventana y deleitándose con la belleza de la noche, ve el cielo estrellado en su máximo esplendor.
Un sollozo la abandona y suspirando susurra:
—Nunca debí venir… Nunca.
La puerta de su habitación es tocada dos veces y ella se gira para espetar:
—Quiero estar sola. ¡Gracias!
—Julie… —La voz de Luciano la hace aguantar un gemido de dolor.
Todo le recuerda a su i