Ambos toman asiento en la cama de Julie y ella se sienta en las piernas de Marcos al este no dejarle alternativa.
Ya más tranquilos, el sonríe al abrazarla con fuerza. No quiere soltarla, por nada del mundo.
Sentir que la había perdido, así solo hubiese sido por unas cuantas horas, fue sumamente doloroso para él.
Así que tenerla en sus brazos y en su regazo nuevamente, es como todo un sueño.
—Eres tan preciosa… Hasta llorando. Pero no lo hagas, me hiere si es por mi causa y aunque no lo fuese,