El aire se volvía más denso a medida que la tensión aumentaba. En los ojos de Damián había tanta ira que creí que en cualquier momento, golpearía a Lucas.
—¿¡Son novios!? —inquirió bruscamente, y negué de inmediato con mi cabeza.
—No señor, nosotros...
—¿Sabe que, señorita King? —me interrumpió. —No quiero sus explicaciones. Sin embargo, les pido, no, más bien les exijo, no tener estás escenitas amorosas aquí en mi casa —ordenó con cierto desagrado. Y antes de irse me dio una última mirada llen