El sol de la tarde se filtraba por los ventanales de la biblioteca del palacio, proyectando haces dorados sobre las estanterías de madera oscura. Mariana pasaba distraídamente los dedos por los lomos de cuero de los libros mientras buscaba algo para leer a los niños antes de dormir. Había descubierto que esta habitación se había convertido en uno de sus refugios favoritos en el palacio, un lugar donde el tiempo parecía detenerse entre páginas antiguas y el aroma a papel y madera pulida.
Sami y A