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El sol de la tarde caía sobre los jardines del palacio, bañando las fuentes y los senderos de mármol con una luz dorada que hacía brillar cada gota de agua como diminutos diamantes. Mariana caminaba entre los rosales, disfrutando de un momento de soledad después de haber pasado toda la mañana con los niños. Amira y Sami habían estado especialmente inquietos ese día, como si presintieran el cambio en el aire, esa nueva energía que flotaba en el palacio desde que ella y Khaled habían comenzado a a