El sol de la mañana se filtraba por las cortinas de seda cuando Mariana despertó. Por un instante, permaneció inmóvil, disfrutando de la suavidad de las sábanas contra su piel, hasta que los recuerdos de la noche anterior la golpearon como una ola inesperada. El beso. Aquel roce de labios que, aunque breve, había desatado una tormenta en su interior.
Se incorporó de golpe, llevándose los dedos a los labios como si aún pudiera sentir la calidez de Khaled sobre ellos. ¿Había sido real o solo un su