El silencio del despacho era absoluto, roto únicamente por el suave deslizar de la pluma sobre el papel mientras Khaled firmaba documentos. La luz del atardecer se filtraba por los amplios ventanales, bañando la estancia con tonos dorados que contrastaban con la severidad de la decoración. Alzó la vista hacia el reloj de pared: llevaba tres horas encerrado entre informes económicos y propuestas de inversión.
Intentó concentrarse en los números frente a él, cifras que normalmente absorbían toda s