Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj digital de la mesita de noche marcaba las 10:47 PM cuando Mariana sintió que sus pulmones se negaban a expandirse completamente. El aire entraba en bocanadas cortas, insuficientes, como si alguien hubiera reducido el oxígeno de la habitación a la mitad. Sus manos temblaban mientras se aferraba al borde de la cama, y el sudor frío le recorría la espalda a pesar del aire acondicionado.
Khaled entró como una tormenta contenida, su teléfono aún en la mano.
—Cancelo todo. Ahora.
—No —respondió Mariana, su voz apenas un susurro ronco.
—Acabas de colapsar —insistió él, arrodillándose frente a ella, sus manos grandes y cálidas cubriendo las de ella—. No voy a permitir que te hagas esto.
—Y me levantaré —dijo ella, forzando sus pulmones a llenarse, a expandirse contra la presión invisible que los a







