Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj digital de la mesita de noche marcaba las 9:47 AM cuando Mariana escuchó el sonido de la ambulancia aproximándose. No era el aullido estridente de las sirenas de emergencia que había escuchado en México, sino un zumbido discreto, casi cortés, como si hasta los vehículos médicos en Zahiria entendieran la importancia de la privacidad real.
Se encontraba sentada en el borde de la cama, con la mirada fija en sus manos. Alguien le había puesto ropa limpia—un vestido sencillo de algodón color marfil—pero no recordaba cuándo ni quién. Los últimos días se habían convertido en una serie de fragmentos desconectados, como escenas de una película proyectada en desorden.
—La ambulancia está aquí —anunció Khaled desde la puerta.
Mariana no respondió. Las palabras existían en algún lugar de su mente,







