Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl reloj digital marcaba las 10:31 AM cuando Mariana sintió que el aire del Gran Salón se volvía denso, casi sólido. Idris descansaba en sus brazos, ajeno a la ceremonia que acababa de consagrarlo como príncipe bendecido de Alzhar, mientras el sacerdote recitaba las últimas plegarias en árabe clásico. Las cámaras parpadeaban desde todos los ángulos, capturando cada momento para la posteridad, y Mariana mantenía esa sonrisa que había perfeccionado durante meses: serena, digna, apropiada para una sheikha.
Entonces lo vio.
O más bien, sintió esa punzada instintiva que precede al reconocimiento, ese momento en que el cerebro identifica algo familiar antes de que la conciencia lo procese completamente.
—Khaled —susurró, sin mover los labios, con una voz tan baja que apenas era audible.
—¿Qué? —Khaled se inclinó l







