El sol apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas de seda cuando Mariana despertó. Había pasado una semana desde aquel beso en el jardín, siete días en los que había intentado convencerse de que aquello no había significado nada, que había sido un error, una confusión momentánea. Sin embargo, cada vez que se cruzaba con Khaled en los pasillos del palacio, sentía cómo su corazón se aceleraba traicionándola.
Se levantó y se dirigió al baño para prepararse. Mientras cepillaba su cabello, observó