El sol de la tarde caía sobre los jardines del palacio, bañando con su luz dorada los setos perfectamente recortados y las fuentes de mármol. Khaled observaba desde el balcón de su despacho, con las manos apoyadas en la barandilla de piedra pulida. No había planeado detenerse allí, pero el sonido de risas infantiles había captado su atención mientras revisaba documentos con su asistente.
Abajo, en el área de juegos que había mandado construir cuando Amira era apenas una bebé, Mariana corría desc