Mundo ficciónIniciar sesiónMariana encontró a Rashid exactamente donde sabía que estaría: en el jardín privado del ala este, el que pocos conocían y menos usaban. Era su lugar, había aprendido, donde fumaba esos cigarros caros que el protocolo del palacio técnicamente prohibía pero que nadie se atrevía a mencionarle.
El reloj marcaba las once y cuarenta y cinco. Quince







