El sol de la tarde se filtraba por los ventanales del palacio, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de mármol. Mariana caminaba por el pasillo principal, con la mente dividida entre la preocupación por los niños y la inquietud que le provocaba la creciente tensión en el palacio. Desde el regreso de Khaled, todo parecía estar en un delicado equilibrio, como si el aire mismo contuviera la respiración a la espera de que algo ocurriera.
Sus pasos resonaban en el silencio mientras se dirigía