El silencio de la noche en el palacio era casi tangible. Khaled permanecía de pie junto al ventanal de su despacho, contemplando los jardines iluminados por la luna. Su reflejo en el cristal le devolvía la imagen de un hombre atormentado, con ojeras pronunciadas y una tensión evidente en la mandíbula. Llevaba tres noches sin dormir adecuadamente, consumido por pensamientos que no lograba acallar.
La imagen de Mariana sonriendo junto a Rashid durante la cena de la noche anterior seguía grabada en