Capítulo 22. Visita no grata.

El aire en la sala de interrogatorios era frío y estéril, olía a café rancio y desesperación con la luz fluorescente parpadeando intermitentemente sobre la mesa de metal. El sonido del reloj en la pared marcaba los segundos con una lentitud insoportable, como si cada tic-tac fuese una sentencia contra ella.

Belinda estaba sentada con las manos esposadas sobre la mesa, su piel pálida por el miedo y la indignación. Frente a ella, el abogado que su padre había enviado hojeaba los documentos del ca
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