Capítulo 23. La trampa de Ady.

Su prima la miró con una sonrisa dulce y piadosa, pero Belinda ya no era la misma ingenua de antes. Sabía que cada gesto de Ady era de hipocresía.

—Belinda… —dijo con una voz suave—. Estoy preocupada por ti, vine porque quiero ayudarte.

La joven entrecerró los ojos, mirándola con incredulidad.

—¿Ayudarme? —espetó con sarcasmo—. ¿Después de tenderme esta trampa?

Ady suspiró, fingiendo tristeza.

—Fabio está cegado por el dolor, Bel. No quiere escuchar razones, pero yo… —bajó la mirada—. Yo fingí
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