Las niñas se emocionaron más, cuando miraron a lo lejos del otro lado del río, a su abuelito que se aproximaba a bajar con un palo en la mano, que en realidad era un remo, pero ellas no lo sabían en ese momento.
¡Abuelita! ¡Abuelita! ¡Ahí viene mi abuelito! – dijo emocionadísima Rossane –
¡Sí abuelita! ¡Ahí viene! – afirmó Gely –
Pero… - se quedó en silencio y dudosa Gely –
¿Qué pasa hijita? – preguntó su abuelita la señora Gela –
¡Abuelita! ¡Mi abuelito no trae la lancha grandota! – dijo Gely