Capítulo 35: No voy a soltarlo nunca
Mis siete días terminaron, los que Ramírez me dio casi a regañadientes. No me queda más opción que regresar al trabajo. Antes de eso, como cada mañana, paso primero por el hospital.
Camino por el pasillo ya conocido, con el café todavía algo tibio en mi mano y la garganta apretada. Entro en la habitación y me inclino sobre Liam, que todavía duerme con la boca medio entreabierta, con su respiración débil, pero constante. Le acaricio el cabello, suavemente, si