**CASPER**
El murmullo de voces bajas en alemán y francés se extinguió en cuanto cruzamos el umbral del salón principal. Las miradas de los catorce miembros de la junta directiva de Zúrich se clavaron en nosotros con el peso de una auditoría humana. Sentí la mano de Leonor sobre mi brazo; sus dedos ejercían una presión sutil, firme, que lograba traspasar la tela de mi esmoquin. Su vestido de seda verde oliva se movía con una cadencia hipnótica que atraía los destellos de las lámparas de cristal