**CASPER**
El almuerzo transcurrió bajo un silencio sepulcral en el gran porche de la villa, suspendido sobre las aguas oscuras del Como. La llovizna alpina golpeaba los toldos de lona, creando una atmósfera de intimidad forzada que detestaba. Leonor estaba sentada frente a mí. Llevaba un vestido de punto fino que delineaba sutilmente sus hombros y el nacimiento de su vientre, un detalle biológico que me obligaba a recordar la noche del incidente cada vez que la miraba.
El camarero de la villa