**LEONOR**
Sus ojos, al encontrarme en el vestíbulo, se entrecerraron con una sospecha instintiva. Se detuvo a dos metros, analizando mi lenguaje corporal con esa fijeza destructiva que solía preceder a sus arrebatos de posesión.
—¿Qué hacías en mi despacho, Leonor? —preguntó, con la voz tan baja y grave que resonó en mis huesos.
—Buscaba respuestas que usted prefiere ocultar bajo protocolos de nivel siete —repliqué, sosteniéndole la mirada a pesar de que el corazón me latía con la fuerza de un