El Beta no podía obligarse a hablar. Sus labios permanecían fuertemente apretados, con la mandíbula tensa en una batalla entre la vergüenza y la furia. Todo lo que podía hacer era mirar con odio a Lysander mientras pasaba, avanzando furioso por el pasillo con el cuerpo inerte de Astra en sus brazos. Su silencio hablaba por sí solo, más fuerte que cualquier protesta o excusa jamás podría.
—No… no, esto no puede ser verdad. Dime que no es así —susurró Gwen, con la voz temblorosa mientras sus mano