El pasillo resonaba con el suave roce de las zapatillas contra el suelo de piedra pulida mientras las doncellas caminaban en formación silenciosa. Cada una llevaba una bandeja, y el cálido aroma de las comidas recién preparadas flotaba en el aire. Después de horas de tareas interminables recorriendo la vasta finca, por fin tenían algo que comer; sus estómagos gruñían en aprobación.
Lila, una chica menuda con rizos salvajes escapando de su pañuelo, sujetaba su bandeja como si fuera un tesoro.