Los golpes de Gwen se volvieron más suaves con cada intento, su voz convirtiéndose en un eco que se desvanecía fuera de la gruesa puerta.
—¿Su Alteza? Por favor… solo necesito un momento…
No hubo respuesta.
Tras una larga pausa, Astra oyó a Gwen suspirar, derrotada. Los pasos se alejaron por el pasillo hasta que regresó el silencio.
Dentro, los besos del Alfa se ralentizaron. Sus manos, antes salvajes y posesivas, comenzaron a calmarse. La tormenta detrás de sus ojos brillantes parpadeó