El sol colgaba bajo sobre el complejo, proyectando largas y cansadas sombras a través del patio de piedra. Las doncellas trabajaban en silencio; los únicos sonidos eran el suave susurro de las escobas contra el suelo polvoriento y el leve tintineo de los cubos. Astra se movía entre ellas, con sus delicados dedos sujetando el desgastado mango de madera de su escoba. Su cabello negro, que antes era una corona de orgullo, ahora colgaba en una trenza suelta y hecha con prisa. A pesar de sus intento