—Eres la zorra que se metió con el esposo de mi hermana.
Tragué saliva y traté de no perder la cordura.
—¿Estás alucinando? No soy la amante de nadie, mi novio es David y nada más.
Intenté sonar lo más convincente, pero ella no parecía creer en mis palabras.
—No soy tonta, puedes engañar a todos, pero no a mí. David no merece que lo engañes de esa manera.
—Puedes pensar lo que quieras, Martina… espera, ¿estás enamorada de David?
—¡No! Eso sería un delito. Soy básicamente su tía.
—David no es