Sus sucias manos volvieron a tocarme, su asquerosa boca volvió a besarme. Volví a sentir su aliento cerca de mi cara. Solo cerré mis ojos y soporté que me tocara otra vez.
—¡Dory! Ya todo acabó.
La voz de Franco me trajo a la realidad. Me encontraba en la estación de policía. Su chaqueta cubría mi cuerpo y sobre ella llevaba envuelta una sábana.
—¿Todo terminó?
—Gracias a ti. Sacrificaste tanto, no merecías que es imbécil te tocara.
—Era la única manera de mantenerlo distraído, en espera de s