CAPÍTULO 37

David

Llegué a la casa y me encontré con las patrullas de la policía. Se encontraban en la entrada. Justo apresaban a mi padre y lo subían a uno de los autos.

—¡David! ¡David! —Mi madre corrió hacia mí—. Diles que están cometiendo un error, que tu padre no es un delincuente. Diles por favor.

Mi madre lloraba de manera desesperada, sabía que esto iba hacerle daño pero ella tenía que dejar de ser ciega y conocer al verdadero Marcos Santana.

—Mamá, mamá, por favor tranquilízate.

—David, tu padre
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