AARON BIANCHI
Subí las escaleras, despacio. Como si estuviera anticipándome al desastre, liberé la presión de mi cuello, moviendo la rotando suavemente mi cabeza, y acto seguido troné mis dedos, pues estaba bastante convencido que tendría que usar mis puños, para convencer a Andrés. Y convencerlo comenzaba con sacarlo de la cama a los golpes, pues de seguro estaba perdido y dormido por el alcohol y las drogas.
No sería un donante nada factible, no si antes necesitaba desintoxicarse para ayu