Cassie
El aire del bosque aún me quemaba los pulmones cuando crucé el umbral de la cabaña. Cerré la puerta con cuidado, aunque el temblor en mis dedos me traicionaba. Era como si al mínimo movimiento brusco todo lo que estaba contenido dentro de mí —la duda, la furia, la desesperanza— pudiera desbordarse.
Apreté los labios y contuve el gemido que amenazaba con escapar. La espina aún seguía enterrada en mi palma, fina y cruel, como el recuerdo de su presencia. O su ausencia. O lo que sea que me