Cassie
Despertar nunca fue tan… suave.
Los primeros rayos de sol entraban a través de las grietas de las paredes de la cabaña, bañando mi piel en una luz cálida que se sentía como un abrazo. Mi mente, siempre al borde de la tormenta, ahora parecía calmada, como el océano después de una tormenta feroz. No había gritos, no había fuego. Solo un leve resplandor, como si el mundo hubiera decidido darle un respiro a mi alma hecha cenizas.
La cama… si es que se le podía llamar así, estaba improvisada.