C48: QUIERO QUE LA ENCUENTRES.
—¿Ha considerado la posibilidad de que su lobo interior esté hambriento, Alfa? —agregó el sacerdote—. No me refiero solo al deseo físico, sino a una necesidad más profunda. Tal vez anhela intimidad, conexión… compartir algo que hace tiempo no tiene.
Asherad negó de inmediato, con firmeza, casi con molestia.
—No —replicó—. No se trata de eso. Yo sé muy bien lo que olí. No estoy confundido en ese sentido. Lo que me desconcierta es haberlo percibido en otra loba.
El sacerdote asintió lentamente, aunque su expresión seguía siendo de inquietud.
—Lo lamento, Alfa —dijo al cabo—, pero como ya le mencioné, este es un caso fuera de lo común. Tal vez el problema no radique en las lobas… sino en su lobo interior. En su espíritu. En algo dentro de usted que se está resquebrajando y que lo empuja a esta confusión.
—¿Estás diciendo que el problema soy yo? —preguntó, con un deje de dureza.
—No, no quise decirlo de ese modo, Alfa —se apresuró a aclarar el sacerdote—. Tal vez sea una señal. Una forma