C32: SÍNTOMAS.
Asherad no tenía ganas de ofrecer explicaciones ni de inventar excusas. No deseaba justificar su ausencia ni abrir un diálogo que, en su interior, ya consideraba inútil. Por eso, se limitó a pronunciar una sola frase, breve y contundente, como si con ella clausurara cualquier posibilidad de réplica.
—No será esta noche.
No añadió nada más. Se dio la vuelta y abandonó la alcoba sin mirar atrás, dejando tras de sí un silencio pesado y opresivo. África permaneció sobre el lecho, con el cuerpo tenso y la mente llena de pensamientos que no lograba ordenar.
La frustración la atravesó con crudeza, porque la verdad era que hacía tiempo que no compartía la cama con él. Aquella ausencia, que en otro momento le habría resultado indiferente, ahora le dolía de una forma inesperada y profunda.
Al principio, África no amaba a Asherad. Le parecía atractivo, imponente, digno de respeto; admiraba su autoridad, su presencia dominante y el modo en que gobernaba. Sin embargo, el amor no formaba parte de s