África lo miró con una tristeza que se reflejaba con claridad en sus ojos. Había en su expresión angustia y abatimiento, porque en su interior estaba convencida de que el comportamiento distante del Alfa tenía su origen en Sigrid.
Pensaba que era ella quien estaba fallando, quien había cometido errores, y que Asherad estaba tomando represalias por ello. Sin embargo, África no lograba eximirse de la culpa. Sabía perfectamente que, en el fondo, ella era la verdadera responsable de todo lo que estaba ocurriendo.
Había sido ella quien permitió que Sigrid compartiera el lecho con el Alfa. Ella había sido quien le ordenó que debía embarazarse de él. Esa certeza la oprimía por dentro y la hacía sentirse miserable, avergonzada y profundamente triste.
No obstante, aquella tristeza no logró conmover a Asherad en lo más mínimo.
—Nunca he pensado en vengarme de ti ni en castigarte por mero capricho —articuló él—, pero lo que ocurrió ayer colmó por completo mi paciencia. He sido demasiado benevol