Instantes después, apartó la mirada bruscamente, como si lo que acababa de ver fuera demasiado para sostenerlo.
—Esto… esto no puede ser real —murmuró, llevándose una mano a la cabeza—. Tiene que ser una pesadilla...
Retrocedió unos pasos, desorientada, hasta que su cuerpo pareció fallarle. Sus manos buscaron apoyo en una silla cercana, aferrándose a ella con fuerza mientras intentaba recuperar el aliento.
Dalila se acercó con cautela.
—¿Estás bien? ¿Te sientes mal?
Posó una mano sobre su hombr