Gael quedó completamente aturdido por el beso. Los labios de Damián estaban algo resecos, consecuencia de la fiebre y la pérdida de sangre del día anterior, pero conservaban una calidez que contrastaba con su apariencia frágil. Gael no reaccionó, permaneció quieto, con los ojos abiertos de par en par, más por la sorpresa que por cualquier otra razón.
Y, sin embargo, lo que más lo descolocó no fue el beso en sí, sino la respuesta de su propio cuerpo. Su corazón empezó a acelerar sus latidos. No