El eco de los barrotes al abrirse se expandió por el pasillo húmedo y oscuro. Cedric, el ex Beta, permanecía sentado en el suelo de piedra, con la espalda apoyada contra el muro helado y la cabeza caída hacia el pecho. Sus muñecas estaban aprisionadas por gruesos grilletes; de ellos partían cadenas que se incrustaban en la pared, obligándolo a mantener los brazos abiertos a los costados.
Cuando el chirrido final anunció que la reja había sido abierta por completo, Cedric levantó lentamente el r