Entraron Maggie y su novio Jim, que llevaba el pelo recogido en un moño. —Mary, ¿estás bien?—
—No. Creo que tal vez perdí al amor de mi vida.
Maggie la abrazó. —Lo siento mucho—.
Mary sollozó, pero luego se separó. —Lo siento. Sueno como una idiota torpe—.
—Por supuesto que no —le ofreció a Mary un pañuelo de papel—. ¿Te comunicaste con tu padre?
—No. El teléfono de Howard ya no funciona y su correo electrónico rebotó—.
—Eso es extraño.—
Jim le sirvió una taza de café a Maggie, calentó la taza