La noche se sentía más pesada de lo habitual, como si el bosque estuviera envolviéndome en una capa de sombras y susurros. Las palabras de Eirik resonaban en mi mente con una fuerza implacable: “El bosque recuerda. Y protege a aquellos que aún son dignos de su confianza”.
Esa misma frase me atormentaba. Algo dentro de mí, quizá la misma curiosidad que Eirik me había pedido contener, crecía con una intensidad que no podía controlar. Tenía que saber más, aunque sabía que