Las fotografías seguían cayendo lentamente sobre el salón.
Como cuchillos.
Una mostraba a Esmeralda cargando cajas bajo la lluvia.
Otra, limpiando mesas en la cafetería de la universidad.
Otra más… agotada, dormida sobre libros y apuntes.
Los accionistas murmuraban sin disimulo.
—¿Trabajaba en un mercado?
—¿Una mesera?
—Esto es absurdo…
Caricia sonrió.
Había encontrado el punto exacto donde atacar.
Porque el desprecio social…
siempre encontraba eco entre los arrogantes.
—¡Mírenla bien! —exclamó