Las estructuras no colapsan cuando son atacadas desde afuera.
Colapsan cuando algo dentro de ellas deja de sostener.
Ese era el principio que siempre había definido la forma de operar de Caricia. No presionar hasta romper, sino ajustar hasta que la propia estructura cediera por sí sola. Era más limpio, más silencioso… más efectivo.
Pero esta vez, ese mismo principio comenzaba a volverse en su contra.
Y Esmeralda lo estaba viendo.
No de golpe.
No como una revelación evidente.
Sino como un