El zumbido del ascensor se detuvo con un golpe seco al marcar el piso 40. Las puertas se deslizaron hacia los lados y Esmeralda salió a la antesala como una ráfaga de viento helado. Su traje gris oxford cortaba el aire con una precisión militar y el chasquido de sus tacones sobre el mármol negro atrajo de inmediato la atención del personal que corría de un lado a otro con carpetas de embarque.
A su derecha, Emilio ya se estaba desabrochando los botones del saco, con el rostro serio y la mandí