El trayecto de regreso en el ascensor privado fue un descenso directo hacia la calma. Mientras las luces de los pisos desfilaban de manera descendente, el murmullo de las protestas corporativas y las presiones del norte se disolvieron en el vacío. En cuanto las puertas se abrieron en el estacionamiento subterráneo, el aire ya se sentía diferente, impregnado con esa brisa marina que anunciaba el retorno a su verdadero santuario.
Emilio le abrió la puerta del vehículo blindado a Esmeralda con l